amenazas, escupidas y el mayor dolor de sus padres

Para los futboleros argentinos, los recuerdos más potentes del 30 de junio de 1998 están asociados con los penales que Carlos Roa les atajó a Paul Ince y a David Batty, que permitieron que el seleccionado argentino, conducido por Daniel Passarella, eliminara a Inglaterra en los octavos de final del Mundial de Francia. Para David Beckham, en cambio, aquella noche en estadio Geoffroy-Guichard de Saint-Étienne marcó el comienzo de una etapa aciaga en su vida que todavía hoy, un cuarto de siglo después, aún lo atormenta.

La reconstrucción de aquellos días es uno de los tramos más potentes de Beckham, la serie documental que desde este miércoles puede verse en Netflix. El excapitán del seleccionado inglés, con el que disputó 115 encuentros (solo lo superan el arquero Peter Shilton -125- y el delantero Wayne Rooney -120-), se conmovió hasta las lágrimas al rememorar esos días que atravesó cuando tenía apenas 23 años. “Ojalá hubiera una pastilla que borrara ciertos recuerdos. Cometí un error estúpido que me cambió la vida”, aseguró en la entrevista que forma parte de la serie.

En aquel partido frente a Argentina, el mediocampista nacido en Leytonstone, en el noreste de Londres, fue expulsado en el arranque del segundo tiempo del duelo que terminaría empatado 2 a 2 y que la Albiceleste ganaría 4 a 3 por penales. El árbitro danés Kim Nielsen le mostró la tarjeta roja por una infantil reacción tras una falta de Diego Simeone.

Tras la derrota por penales, muchos hinchas ingleses lo responsabilizaron por la eliminación y la prensa cargó duramente contra él. “Diez leones heroicos, un chico estúpido”, tituló el Daily Mirror. “Un momento de locura costó las esperanzas de ganar la Copa”, consideró el Daily Mail, que describió la reacción del mediocampista como “un petulante acto de represalia”. El Daily Star fue categórico: “Beck off (fuera)”.

Beckham pasó de ídolo a enemigo público número uno de los simpatizantes ingleses. Incluso se reprodujo hasta el hartazgo una imagen de un muñeco con la camiseta del seleccionado inglés, con el número siete y su apellido estampado en la espalda, colgado en una horca en la puerta de un pub.

Tras regresar a Londres con sus compañeros del seleccionado de los Tres Leones, el jugador de Manchester United viajó enseguida a Nueva York para descansar unos días con su pareja, la cantante Victoria Adams, quien entonces integraba el quinteto pop Spice Girls (era la Posh Spice) y estaba cursando el embarazo de su primer hijo. “Yo pensaba: ‘Estaremos bien. En uno o dos días la gente lo habrá olvidado’”, contó Beckham. Pero no fue así.

A su vuelta al Reino Unido, el jugador debió convivir con agresiones de todo tipo. “Adonde iba recibía malos tratos todos los días. Caminaba por la calle y la gente me miraba de cierta manera, me escupía, me maltrataba, se me acercaba a la cara y me decía cosas. Fue difícil”, reconoció. Y añadió: “No comía, no dormía. Era un desastre. No sabía qué hacer. Cuando pasé por momentos difíciles, fui capaz de bloquearlo, pero por dentro me mataba”. Sobre esos días, Victoria Adams sostuvo que su compañero estaba “clínicamente deprimido” y admitió que todavía hoy quería “matar a la gente” que lo acosó.

David Beckham junto a Victoria Adams, su pareja. Foto: John Giles / AP.

Esa situación de hostilidad constante obligó a los amigos de Beckham a extremar los cuidados para minimizar el impacto de los ataques. El agente deportivo David Gardner, uno de los más cercanos, reconoció que temían por la integridad del futbolista. “Caminaba por la calle y la gente lo escupía, se abalanzaba sobre él y le gritaba ‘puto esto, puto aquello‘. Cuando íbamos a un bar, teníamos que turnarnos para llevarlo al baño porque no podíamos dejarlo solo”, detalló. Y contó que los momentos más complicados eran los traslados en auto: “Los semáforos eran el peor lugar. La gente salía de sus coches, con las ventanillas bajas, y le golpeaba la ventanilla. Era una locura. Pero él nunca reaccionó, ni una sola vez”.

La hostilidad no se enfocó solo en el mediocampista, sino que irradió también a su familia y, especialmente, a sus padres. Ese fue, según Beckham, el hecho más doloroso derivado de su expulsión ante Argentina. “Nunca podré perdonármelo. Esa fue la parte más dura de lo que ocurrió entonces porque había sido yo quien había cometido el error. Ahora tengo 47 años y me reprocho por eso”, aseguró.

Sandra, su madre, también brindó su testimonio en el documental producido por Netflix y detalló una situación que vivió en el estadio Boleyn Ground de Londres el 22 de agosto de ese año, cuando habían transcurrido casi dos meses de la tarjeta roja que había transformado a su hijo en un villano.

David Beckham junto Sandra y Ted, sus padres.David Beckham junto Sandra y Ted, sus padres.

Ese día, Manchester United visitaba a West Ham United por la segunda fecha de la Premier League y Sandra estaba en una de las tribunas del recinto. “Yo estaba sentada ahí y una mujer mostraba un diario con la foto de (un muñeco de) David colgado. Me enojé por la forma en que gritaban contra él. Un aficionado me exigió que me fuera. Como madre, no fue agradable ver lo que estaba pasando. Me daban ganas de llorar. Fue horrible”, admitió.

También Victoria fue víctima de esos ataques. “Por horrible que fuera, verla en la tribuna (recibiendo insultos) fue lo único que me fortaleció”, contó el jugador.

Beckham consideró que uno de los pilares que lo ayudó a atravesar aquel oscuro período fue Alex Ferguson, el histórico entrenador de Manchester United, y recordó un llamado telefónico que el DT le hizo después del partido con Argentina para tranquilizarlo. “Me dijo: ‘Hijo, andate tres semanas y descansá. Cuando vuelvas, acá en Manchester te van a cuidar’. Me emocioné bastante al hablar con él. Eso me ayudó a superar esa temporada”, explicó.

David Beckham junto a Alex Ferguson, su entrenador en Manchester United. Foto: Aris Messinis / AP.David Beckham junto a Alex Ferguson, su entrenador en Manchester United. Foto: Aris Messinis / AP.

El mediocampista también destacó el apoyo que le brindaron los simpatizantes del United, que lo respaldaron en tiempos en que era insultado por todas las hinchadas rivales, y rememoró su primer partido en Old Trafford luego de la eliminación del Mundial: “Me acerqué al banderín del córner y toda la tribuna se levantó, me aplaudió, me vitoreó y cantó mi nombre. Eran los aficionados del Manchester United. Y eso fue lo más importante para mí”.

Esa temporada, los Diablos Rojos fueron campeones de la Premier League, de la FA Cup y de la Champions League.

Si bien el afecto de los fanáticos del United fue irrompible, no resultó sencillo reconstruir el vínculo con el resto de los hinchas ingleses. Dos años después de la expulsión ante Argentina, en el debut de Inglaterra en la Eurocopa 2000 (perdió 3 a 2 con Portugal en Eindhoven), Beckham, tras ser insultado por un grupo de simpatizantes, respondió con un gesto universal: el dedo mayor extendido de cara a la tribuna desde la que provenían las ofensas.

Con el paso del tiempo, la herida se fue cerrando. Para ello fue fundamental el más recordado de los 17 goles que el capitán marcó con su seleccionado: el que hizo ante Grecia en Old Trafford el 6 de octubre de 2001. Ese día, Inglaterra se jugaba el pase al Mundial del año siguiente. Cuando se disputaba el tercer minuto de tiempo agregado en el segundo período, clavó un precioso tiro libre en el ángulo derecho del arco defendido por Antonios Nikopolidis. Así, clasificó a los suyos a la Copa del Mundo y mandó a Alemania al repechaje.

En el torneo que se llevó a cabo en Corea del Sur y Japón en 2002, se tomó una pequeña revancha personal: anotó, de penal, el tanto con el que el seleccionado dirigido por el sueco Sven-Göran Eriksson venció 1 a 0 a la Argentina de Marcelo Bielsa en Sapporo. Beckham también disputó el Mundial de Alemania 2006, pero se perdió el de Sudáfrica 2010 por una rotura del tendón de Aquiles de la pierna izquierda que sufrió tres meses antes del certamen.