del éxito de Ariane-5 a las incertidumbres de Ariane-6

La cuenta regresiva se atribuyó una vez más al Centro Espacial de Guayana en Kourou. Después de un primer informe el 16 de junio para las comprobaciones finales, si todo va bien, el martes 4 de julio (entre las 23:30 y la 01:05 hora de París), despegará un cohete Ariane-5 con dos satélites, el de observación – Syracuse 4B, para la Dirección General de Armamento de Francia –, el otro de telecomunicaciones – Heinrich-Hertz, para la Agencia Espacial Alemana.

En la sala de control de Júpiter, el ambiente será aún más tenso por esta puesta en órbita geoestacionaria a 36.000 kilómetros de la Tierra al ser el último vuelo de este lanzador. CE 117mi lanzamiento pondrá fin a veintisiete años de existencia, marcados por más de ochenta éxitos consecutivos.

Esta última misión tiene lugar en un momento crucial de la historia espacial. Reservado durante una década a las principales instituciones públicas estadounidenses, europeas, rusas o chinas, el acceso al espacio fue revolucionado por Elon Musk con SpaceX hace diez años. En 2013, el multimillonario estadounidense se impuso en los lanzamientos, hasta el punto de convertirse en el referente.

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Su avance se acelera hoy, impulsado por el desarrollo de los servicios vinculados a Internet y 5G, que adelanta el envío de miles de pequeños satélites en órbita baja a 500 kilómetros de la Tierra para proporcionar enlaces. Así, con la planificación de cien lanzamientos este año, su cohete Falcon 9 logrará casi tantos como el Ariane-5 durante toda su vida. Esto casi hace olvidar que el cohete europeo fue durante más de veinticinco años la reina del espacio frente a sus competidores estadounidenses Delta (Boeing), Atlas (Lockheed Martin) y el ruso Proton.

Metas ambiciosas

En 1985, incluso antes de que el cohete Ariane-4 lanzara sus primeros vuelos, la Agencia Espacial Europea (ESA) decidió pensar en el próximo modelo. Más ambicioso, con el objetivo de poner en órbita grandes satélites y también para realizar vuelos tripulados. Durante esta reunión en Roma se realizó un estudio preliminar al mismo tiempo que otros dos proyectos, Hermès, un transbordador capaz de transportar a cinco astronautas, y Columbus, una estación espacial que se mueve 400 kilómetros alrededor de la Tierra. «De estos tres grandes programas, solo el de Ariane-5 llegó al final»dice Jean-Marc Astorg, director de estrategia del Centro Nacional de Estudios Espaciales (CNES).

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“Hemos diseñado un lanzador muy diferente a los anteriores diseñando nuevos motores, duplicando la potencia y sobre todo apostando por la fiabilidad con la redundancia de todos los circuitos”, especifica, siendo el CNES en ese momento el contratista principal del programa Ariane. La evolución fue tan grande que» [ils auraient] muy bien podría haber cambiado el nombre del cohete, pero [ils voulaient] mantener la imagen de éxito que dan los lanzadores Ariane-3 y 4”añade Jean-Jacques Dordain, director general de la ESA entre 2003 y 2015.

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