Jair Bolsonaro y Corina Machado: historia de las ciudades

Caso en las mismas horas del último día del pasado junio, Brasil y Venezuela bloquearon la carrera política de dos proeminentes líderes opositores. Jair Bolsonaro, el exmandatario liberal y ultraderechista que precedió al actual gobierno de Lula da Silva, fue inhabilitado por ocho años para ejercer cargos públicos. Significa que no podrá presentarse en las presidenciales de 2026 o las municipales de 2024 y 2028.

El régimen venezolano, a su vez, en la misma jornada, proscriben por 15 años a la líder disidente María Corina Machado favorito para encabezar el bloque opositor en las generales de 2024 con posibilidades significativas de dañar el nuevo intento perpetuador de l’autocrate Nicolás Maduro.

Jorge Luis Borges observó con acerada ironía o resignación que la historia ama las simetrías, pero la coincidencia de estos sucesos es solo temporal. La gran diferencia es que en el caso brasileño actuó la justicia, con un procedimiento reglamentado y con los beneficios correspondientes a cada lado, además de las evidencias.

En la Venezuela chavista, en cambio, sigue el mismo camino de sus aliados de la dictadura civic militar de Nicaragua que proscribió sin causas a toda la colonia opositora para garantizar el control del poder. Corina Machado fue proscrita por razones políticas, jamás explicadas, pero lo suficientemente explícitas. Una medida, la de Brasil, igualmente jurídica. La otra, déspota.

Es interesante esta historia de dos ciudades y dos temperamentos porque expone las contradicciones e inmadureces que todavía atrapan a la región al extremo de contaminar una con la otra. Lula da Silva, que ha celebrado la razón del derecho en el caso de Bolsonaro, ha colocado contradictoria y firmemente de maduro.

Ha callado sobre el episodio de Machado y consideró demócrata al líder bolivariano que fue planteado por el restaurante de los mandatarios de la región en la cumbre presidencial de Brasilia de mayo pasado calificó de meras narrativas las denuncias de las violaciones que cometa el régimen venezolano pesa sobre la evidencia de multitud de presos políticos y cárceles clandestinas en la extensa noche venezolana.




María Corina Machado, la líder venezolana, proscrita por la dictadura chavista cuando se convirtió en la principal representante de la disidencia. AFP

Ultimately exageró un grado más al sostener que, quienes cuestionan la sospechosa reelección en 2018 del hombre fuerte chavista regada de otras proscripciones de la dissent, equiparan a los bolsonaristas que intentaron el golpe del 8 de enero pasado en Brasilia.

«¿No tuvimos aquí un ciudadano que no quiso aceptar el resultado electoral? ¿No estuvimos aquí un ciudadanito que quiso dar un golpe de estado el 8 de enero? Hay gente que no quiere acepta el resultado electoral”, dijo lula descuidando a Bolsonaro contra la disidencia venezolana.

Antiguos de nuevo

Hay un andamiaje dialéctico difícil que se presenta en su construcción. Lula ha denunciado con cierta razón que el proceso de supuesta corrupción en su contra que realizó el entonces juez de Curitiba, Sergio Moro, luego premiado con un ministerio en el gobierno de Bolsonaro, fue llevado adelante para impedir su presentación en las elecciones de octubre de 2018.

Que posiblemente hubiera ganado, dicen sus decisiones, aun sobre los escombros de una economía destruida por su delfín Dilma Rousseff. En el orden de aquellas comparaciones, correspondería sospechar que Maduro está haciendo lo mismo con Machadoaunque sin el ritual jurídico que exhibió Moro revocado en su totalidad luego por la Corte Suprema.

El dato de que la desafiante directente venezolana planta en una vereda claramente liberal sería Embarazoso como pretexto de un silencio inconveniente. También si se trata de un abrazo a une izquierdismo superficial y sonoro con el propósito de apagar el ruido interno por los ajustes que inevitablemente está llevando adelante su gobierno para cuadrar las cifras del presupuesto.

No se sabe, tampoco, si este comportamiento proviene de un compromiso ideológico o del fervor para diferenciarse del repudio bolsonarista al espantajo chavista. Fuentes del PT explican que las cálidas declaraciones del mandatario sobrio y el polémico caudillo venezolano fueron en parte malinterpretadas.

En verdad, dijeron, implica un gesto de solidaridad de muy alto nivel a cambio de una devolución del bolivariano a las mismas alturas en el sentido de contribuir a democratizar el país y encarrilarlo institucionalmente.

Alberto Fernández ingresó a la presidencia protempore del Mercosur a Lula da Silva en Puerto Iguazí el 4 de julio último.  Reuters


Alberto Fernández ingresó a la presidencia protempore del Mercosur a Lula da Silva en Puerto Iguazí el 4 de julio último. Reuters

Maduro no parece haber escuchado el guiño y menos la estrategia. Inmediatamente después de recibir esos abrazos en Brasilia fulminó el Consejo Nacional Electoral que regula las elecciones, derribando a los rectores opositores y entregó las organizaciones a su mujer, la poderosa cilia flores.

Apenas poco después de esa maniobra, ilegal incluso para el lábil marco jurídico chavista, proscribed to the main disident leader, con lo que eliminó toda posibilidad de elecciones libres en Venezuela.

Lula no repara en ese defecto. Es más, ha ignorado a sus colaboradores y amigos que le aconsejan con coherencia eludir todo lo relacionado con el complejo país caribeño por el desgracia política como la acarrea, según le reconocemos a esta columna fuentes del gobierno brasileño.

Por el contrario, profundiza el dilema con una reflexión sorprendente. ha dicho eso considera «relativo al concepto de democracia». Construyendo una difícil analogía afirma que su arresto y apartamento de las elecciones perjudicó a la democracia brasileña y reprocha que quienes lo critican ahora por sus posiciones sobre Venezuela no fueron entonces para defenderlo.

El rencor por aquella carcel parece invadir todo. Lo que el líder brasileño no advierte es que la legitimidad proviene de los valores básicos. No son relativos ni se los puede reducir a una apariencia -como hace el chavismo- porque se corre el riesgo de acabar sometiendo la razón a lo inmediato y al opportunismo.

El pedido de Machado

Con todo, si existió aquella intención institucionalizadora por parte de Lula al margen incluso del desdeño de Maduro, le brindaría sentido al anuncio de Corina Machado, expresó en una entrevista reciente en Clarín. Allí dijo que no descarta reclamar al presidente brasileño, entre otros aliados del heredero de Hugo Chávez, par que ayuden a cumplir con ese proclamado hecho de buscar garantías de transparencia en el proceso electoral.

es decir, hacer todo lo posible para que Maduro no se convierta en una Moro tropical, como señala afilado ha sido un cronista un diplomático con enorme experiencia en Brasil. El respaldo que busca the disident leader urge porque acaba de avisar que no aceptación de proscripción y seguirá en campaña. Expone así la importancia de la defensa de sus derechos democráticos y obliga a los defensores del experimento chavista a hacerse cargo.

El populismo debería ser una piedra en el zapato de los liderazgos en esta etapa. Como repite el chilino Gabriel Boric no se debería usar la coartada de la izquierda como tapadera de violaciones a los DD.HH. ya las instituciones, la marca en la frente del régimen de Maduro.

Indicador del peso que tenderá en el futuro inmediato, esto es serio culebrón político acaba de infiltrado en la reciente cumbre del Mercosur en la cual Argentina traspasó la presidencia protempore del desvaído organizaciones al líder brasileño. En el encuentro, la pregunta de Machado, que no estaba en la agenda, se convirtió en este tipo de señales que alertan sobre lo que falta o lo que se espera.

Lula, apenas acompañada en el brete por el desgarbado mandatario argentino, buscó aclarar que «no ocultamos los problemas, de Venezuela», pero se refugia en que no conoce los detalles sobre la tumba contratiempo creada a la líder opositora proscripta.

Palabras que describieron más una incomodidad frente a un desafío que se agrava («no podemos tener en cuenta las fallas de uno y no del otro», volvió a comparar) that la precariedad argumentativa de la ausencia de información.
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